Viaje ahora, no pague nunca
Por Fernando Bonsembiante
La división defraudaciones y estafas de la Policía Federal
Argentina creía que ya nada podía sorprenderlos. Trabajando
en la ciudad de Buenos Aires, famosa por los 'cuentos del
tío', habían visto miles de casos, algunos extremadamente
complejos, pero siempre resultaban ser variaciones de cosas
ya conocidas. Pero ese día de 1983 era distinto. Tenían a una
persona que habían capturado por sospecha de robo de un
reloj, que se llamaba Raúl Barragán, Yuyo para los amigos. En
la indagatoria declaró que ese reloj había llegado a sus
manos como parte de pago de un pasaje aéreo. Cuando la
policía le preguntó si trabajaba en alguna empresa aérea o en
una agencia de viajes, respondió que no. Empezaron a
sospechar que tenían entre las manos algo mucho más
complicado que un simple robo. Las preguntas seguían, y, en
parte por inexperiencia, y en parte por temor, Yuyo terminó
confesando todo. Pero para la policía fue como si hablara en
chino. Pidieron ayuda a sus expertos en computación, y
empezaron a entender lo que estaba pasando. En una sala,
frente a un pizarrón enorme, y con una cámara de video como
testigo, Yuyo explicó paso a paso, y con el orgullo de
alguien que explica un invento o una creación artística, en
qué consistía su 'modus operandi'. En resumen, lo que hacía
era convencer a la compañía aérea de que debía emitir un
pasaje a cuenta de otra compañía, pagado por esta última. El
resultado era que el cliente o el mismo Yuyo pasaban a
retirar un pasaje por las oficinas de la empresa de su
elección, nadie les cobraba un peso, y el beneficiario del
pasaje viajaba sin el menor problema. El pasaje era pagado
seis meses después en el clearing entre compañías aéreas, y
nadie notaba nada raro. Para hacerlo, simplemente enviaba un
pedido por telex a la computadora de SITA (Sociedad
Internacional de Telecomunicaciones Aeronáuticas) haciéndose
pasar por una compañía aérea, generaba las confirmaciones
necesarias y se aseguraba de que nadie estuviese presente
enfrente de las terminales, conociendo los horarios de las
distintas compañías en las distintas ciudades. De esta forma
los pasajes salían, y el Yuyo los vendía con un 30% o 40% de
descuento, incluso a veces los regalaba. La mayoría de esos
pasajes eran en primera clase, ya que para él no había la
menor diferencia. La policía seguía dudando de que esto fuera
posible, así que con la autorización del juez, y en los
equipos de telex de Interpol, realizan lo que denominaron
'delito experimental'. Yuyo, frente a toda la policía, y
filmado por una cámara de video, hizo un pedido de pasaje y
en segundos llegó un telex confirmando la emisión de los
mismos. Después pasaron a retirarlos, y no tuvieron el menor
problema. Nadie en la aerolínea sospechaba que había pasado
algo raro. Avisaron a los supuestos damnificados, y se
llevaron la sorpresa de que ninguno de ellos reconoció que
hubiese delito. Nadie quería acusar al Yuyo. Probablemente no
quisieron reconocer que un entrerriano de veinticuatro años
los había estafado por millones de dólares y ellos ni se
habían enterado. Por lo tanto, salió libre.
Pero, ¿cómo llegó a esta situación el hijo de una familia
reconocida de Concepción del Uruguay? Sus hermanos son
empresarios de éxito, y sus padres son respetados y conocidos
en toda la ciudad. Yuyo era la oveja negra de una familia
modelo.
La historia comienza en 1978, cuando es nombrado gerente de
la sucursal Concordia de Aerolíneas Argentinas. Como empleado
de una aerolínea tenía derecho a una cantidad de viajes
gratis, y descuento en el resto. Pero eso no era suficiente,
ya que tenía una novia en Caracas, y quería visitarla todos
los fines de semana. Como es una persona que no se da por
vencido fácilmente, empezó pidiendo autorización para viajar
gratis a su superior. Por supuesto, viajar todos los fines de
semana era pedir demasiado, así que tuvo que idear otro
método. Como inteligencia no le faltaba, descubrió que podía
hacer algunos trucos con el telex que le podían servir para
lograr su objetivo. Mandó un mensaje al gerente general de la
compañía en Buenos Aires, con copia a su jefe, pidiendo
autorización para viajar a Caracas. Poco después le llega una
respuesta, con copia a su jefe, autorizándolo a viajar, y
dándole viáticos y todo lo que necesitara. Por supuesto, su
jefe no podía creer lo que veía, pero no le quedaba más
remedio que obedecer. Lo que no sabía era que el mensaje de
Yuyo al gerente no había llegado nunca, por un truco que
había hecho con el telex, y que el mensaje de aprobación era
falso. Así empezó a viajar gratis, a costa de Aerolineas
Argentinas, y empezó a aprender cómo funcionaba el sistema de
telex y el de reservas internacionales.
Un día le llega un pedido de varios pasajes, una suma
importante de dinero. Estos debían ser entregados en Londres
y el destino era Buenos Aires, pagándose en Concordia. Como
se quedaba con una comisión por la venta, y ese día las
comunicaciones con Buenos Aires estaban cortadas, decidió
poner en práctica sus conocimientos de la red de telex. Pidió
el pasaje directamente a SITA en Suiza, y recibió en momentos
la confirmación de que serían entregados. De esta forma no
perdió la venta, y descubrió la puerta de entrada al sistema.
Poco tiempo después, en 1979, es despedido. Sin trabajo, sin
fuentes de ingreso, pero acostumbrado a la buena vida, empezó
a pensar qué hacer para pagar sus deudas y seguir viviendo
como a él le gustaba. Inmediatamente empezó a generar pasajes
de Aerolineas Argentinas y a pagar sus deudas con ellos.
Viendo que era un excelente negocio, empezó a vender pasajes
a mitad de precio, por supuesto, quedándose con el total de
lo que cobraba, ya que para él eran gratis. Pero no se
trataba solamente de dinero. Cada vez sabía más sobre el
sistema de reservas, sobre cómo funcionaba el clearing, cómo
se generaba un pedido de pasajes. El conocimiento que iba
adquiriendo significaba que cada vez tenía más poder sobre el
sistema. Se sentía superior a las aerolíneas, un genio, y,
años después, se reconocería como hacker. Por eso a veces
regalaba sus pasajes, para él era suficiente recompensa
haberlos conseguido, incluso probaba cosas nuevas para ver
hasta que punto podía controlar a las aerolineas. Por
ejemplo, podía encargar un pasaje en primera para una persona
y pedir que se le sirviera comida judía. O podía hacer que
alguien perdiera su equipaje, desviándolo en alguna escala
hacia otro lugar. A veces, si llegaba tarde a un vuelo,
enviaba un telex diciendo que el aeropuerto de destino estaba
cerrado, demorando la salida hasta que llegaba al aeropuerto.
O, si quería vengarse de alguna compañía aérea, hacía que un
vuelo internacional saliera con 20 pasajeros reales y el
resto vacío, reservado con su sistema. Era tan natural para
él pensar que los aviones estaban a su disposición, que
llegaba a hacer cosas insólitas. Por ejemplo, la vez que
estaba en Brasil con un amigo y casi sin plata, después de la
hora de cierre de los bancos, y antes de un fin de semana
largo. No sabían que hacer para comer y vivir durante esos
días. Entonces Yuyo le dice a su amigo: 'subámonos a un avión
hasta el lunes, cuando abran los bancos'. Calculó una ruta
ida y vuelta a Japón, en primera clase, y con las suficientes
escalas como para que estén en Brasil el lunes a tiempo para
sacar plata del banco. Pasaron un fin de semana en primera
clase, tomando champagne y comiendo caviar, sin preocuparse
de que no tenían un dolar de efectivo.
Durante su carrera fue detenido una cantidad de veces, pero
siempre pudo salvarse. O nadie quería acusarlo, o se
escapaba. Por ejemplo, en Brasil fue capturado y entregó un
cheque a cambio de su libertad. Apenas salió avisó al banco
que no debían pagarlo porque lo habían extorsionado, y escapó
en un avión, obviamente, sin pagar el pasaje.
Toda su historia termina en mayo de 1994, cuando el juez Juan
José Galeano dicta la prisión preventiva por el delito de
estafa. Pero este delito no es el haber usado el telex para
generar los pasajes, ya que las aerolineas siguen sin
reconocer que hubo delito. Este caso es distinto, e incluye a
otra gente. Ellos son Los Pericos, quienes el 23 de julio de
1993 habían viajado hacia Caracas con pasajes robados. Pablo
Hortal, el manager del grupo, declaró que los pasajes le
habían sido vendidos por Raúl Barragán, a quien señaló en una
rueda de reconocimiento en Tribunales. Pero ningún otro
integrante del grupo lo reconoció, ni siquiera uno que había
estado presente en el acto de entrega de los pasajes, según
sus declaraciones. Lo extraño de todo el caso es que los
pasajes en cuestión fueron robados de los Estados Unidos,
país al cual Barragán tiene la entrada prohibida, justamente
por los problemas que causó a las aerolineas americanas. El
juez Galeano dicta la prisión preventiva basándose en que el
'modus operandi' era el mismo en este caso que en todos los
otros. Justamente, esto es falso, ya que Yuyo no vendía
pasajes robados, sino que los emitía de la misma forma que
una aerolínea lo haría. No tiene sentido que empieze a vender
pasajes robados, ya que para él le sería muchísimo más fácil
emitir pasajes nuevos y venderlos, sin correr ningún riesgo
de ser descubierto. ¿Cómo llegó a esta situación? Quizá la
aerolínea quiso castigar a Barragán, y esta fue la ocasión
que encontró sin comprometer las fallas de el sistema de
clearing de SITA. También el juez en cuestión es Galeano,
quien hasta ahora no tuvo ningún resultado en la
investigación de la AMIA, y quien es famoso por haber
procesado a un preso por el robo de un sandwiche en
tribunales. Sea lo que sea, el proceso es dudoso, y Yuyo hace
meses que está en prisión esperando una condena definitiva o
que su abogado le consiga la excarcelación.
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