Manteniendo ocupada a la policía de la provincia

Por Fernando Bonsembiante


Ernesto Galante estaba muy cansado. Dijo 'Vamos a un corte y volvemos enseguida, tenemos desfile de modelos, y terminamos el programa, ahora los dejo con nuestros queridos anunciantes. Quédense con nosotros, ya volvemos con 'Pasemos la noche con Ernesto''. Apenas se apagó la luz roja de la cámara, fue casi corriendo a su camarín. Allí, su fiel asistente ya había preparado su plato preferido. Sacó de su bolsillo un tubito de plata, y se tomó una línea de cocaína. Enseguida se empezó a sentir mejor, pero, por las dudas, se tomó otra. 'Alcanzame un...' no terminó de hablar y su asistente ya le estaba poniendo un vaso de whiski en la mano. Ernesto estaba complacido, siempre fue bueno para elegir empleados. Cuando estaba terminando el segundo vaso, escuchó una voz que decía: 'volvemos en tres'. Volvió caminando despacio a su puesto de trabajo, y se tomó el tiempo para tocarle el culo a dos o tres de las modelos que estaban esperando para salir a escena. Una de ellas le dijo '¿nos vemos después del programa? ¿En tu camarin?' 'No.' fue su respuesta. 'Dale. Llevo dos amigas. Nos vamos a divertir.' 'Bueno. Puede ser.' Ernesto le hizo una seña a uno de sus asistentes. 'Agendame a esta chica.' A decir verdad, le hubiese gustado ir a su casa a dormir, pero después de tanta cocaína, necesitaba alguna forma de cansarse un poco después del programa.

Mientras desfilaban las modelos, se le acercó Lucas, su productor. 'Está Carlos Etchevarne. Dice que te va a conseguir auspiciantes nuevos. Mueblería Colibrí, Vinos Bianchi, y un par más, todos muy grosos. Lo que pide es que en el programa de mañana salga su 'pollo'. Es Pochi Larreta, se postula a la intendencia de Escobar .' 'Perfecto. Preparenle un buen reportaje. Y ya que estamos, entregale alguna pendeja a Etchevarne. Haceme quedar bien.'


A las tres de la tarde, un ruido infernal despertó a Ernesto. Alguien estaba tocando el timbre y golpeando la puerta. Se levantó y fue a ver que pasaba. 'Abra. Policía.' Abrió la puerta con total tranquilidad. Una persona en su posición no necesita tenerle miedo a la policía. 'Abra las piernas, y póngase contra la pared.' 'Ustedes saben quien soy?' dijo con indignación. 'Juan Ernesto Pérez, alias Ernesto Galante.' 'Es correcto, pero...' 'Va a tener que acompañarnos.' 'Quiero hablar con mi abogado.' 'Ja, ja... ya vas a tener tiempo de llamar a tu mamá. Ahora vas a hablar con el Comisario Trementina. Mientras tanto, quedate mosca.' 'Ustedes están cometiendo un terrible...' empezó a decir, cuando un golpe en la boca del estómago lo dejó sin ganas de discutir.


En la comisaría, Ernesto tuvo que esperar en una oficina, acompañado por dos agentes uniformados. Cuando llegó el comisario Trementina, los dejaron solos. 'Decime que sabés de Cristina Vasconcelos' 'Nada...' 'Te lo voy a hacer más fácil. Cristina es la hija del comisario Vasconcelos, un tipo realmente importante de la Federal. Bueno, en realidad, era la hija. Esta mañana la encontraron muerta, tirada en una zanja al borde del Acceso Oeste, a la altura de Ituzaingó.' 'Y yo que tengo que ver con esto?' 'Por tu bien, espero que muy poco. Vos estás acá porque esta chica iba casi todos los días a ver tu programa en el estudio. Acá tenés una foto.' Ernesto la miró. Al principio, viendo esa nena rubia con cara de buena, pensó que jamás la había visto. Pero al rato de mirarla, se dió cuenta. Era Miette. 'Creo que la ví un par de veces', dijo tratando de poner cara de póquer. 'Bueno. Entonces, si no querés tener problemas, y estoy seguro de que no querés, vas a averiguar quién la vió anoche, qué hizo, con quién estaba. Vasconcelos está muy nervioso por todo esto. Quiere que caiga alguna cabeza. Y no creo que le importe mucho si esa cabeza es la tuya. Ahora andate. No queremos que llegues tarde a tu trabajo. Y no nos llames, yo personalmente te voy a ir a buscar a la salida del programa, esta noche. Mejor que nos tengas algo para entonces.'


'Te llamé porque sos el único en el que puedo confiar'. Ernesto miró a Lucas, su productor, midiendo el efecto de sus palabras. Su empleado lo miraba, esperando órdenes, como siempre. 'Mirá esta foto.' Puso la foto de la hija del comisario en la mesa. Lucas la agarró, la miró unos segundos, y dijo 'Cristina, o Miette.' Ernesto estaba muy conforme con la rapidez mental de Lucas, era un excelente asistente. 'Eso ya lo sé. Lo que quiero saber es qué pasó con esta chica.' 'Se la llevó Etchevarne ayer. Vos me dijiste...' 'Mierda.' Ernesto no era de perder el control, pero si había alguien a quien le temía más que a la policía, era a Etchevarne. 'Sabés quién es esta chica?' Como no respondió, siguió hablando. 'Estamos metidos hasta el cuello en mierda.' Pensó que le gustaría estar en su casa de Punta del Este, y no en el estudio de televisión. 'Ahora que carajo hago...' Lucas lo miró con cara de enojo contenido. 'Si por lo menos me dijeras qué está pasando, por ahí podría ayudarte.' 'Esta chica... es la hija de un comisario...' Empezó a decir, y paró, buscando una forma de expresar la situación. 'Jefe, entonces estamos todos en problemas... si contó lo que le hicimos... no se salva nadie en el estudio... a esa pendeja se la cojió hasta el contador...' Ernesto lo cortó con un gesto autoritario. 'Eso no es nada. La chica no habló. Ni va a hablar. Apareció muerta esta mañana.' En el silencio que siguió a esas palabras se podían oír las risas del sketch que estaban grabando en el estudio de al lado. Ernesto sentía olas de frío en su espalda, alternadas por la sensación de que le faltaba el aire. Ahora sabía qué le había pasado a Miette. Prefería no saberlo. Etchevarne tenía demasiados amigos poderosos. Para él, un comisario era una pieza descartable de su armazón de poder. Y para el comisario, Ernesto era el descartable. Su programa duraba dos horas. Eso le daba dos horas y media para resolver el problema, o por lo menos para darle a la policía algún tipo de explicación.


Miette llegó al programa por casualidad. Una amiga de ella consiguió trabajo de promotora de una empresa de alarmas, y terminó haciendo la promoción en el programa de Ernesto. Como había conseguido el trabajo a través del padre de Cristina, las dos fueron al estudio de televisión. Mientras su amiga estaba parada frente a las cámaras, a Cristina le dió ganas de ir al baño. El baño de mujeres estaba decorado con espejos y luces, era muy bonito. Se le ocurrió que el baño de hombres estaría también muy decorado, así que entró también ahí. Lo que pasó después de eso, no le quedaba totalmente claro. Sabía que dentro del baño de hombres estaban unos jugadores de fútbol que salían recién de una nota. Como estaba dentro de un baño, le pareció natural sacarse la ropa. Salió una hora después. Se sentía como nunca, como si toda su vida antes de eso hubiese sido un sueño aburrido. Sentía que podía hacer cualquier cosa que se propusiera. Sentía que podía asesinar a su padre con sus propias manos si tenía ganas. Sentía que podía ser una estrella de televisión. Sentía que podía cojer con todos los hombres del mundo y que aún así se iba a quedar con ganas de seguir. Por eso, decidió volver al estudio al otro día, y al otro, y al otro... Sabía que lo que había hecho la había cambiado para siempre. Ahora no era la nena aburrida, la Cristina que iba al colegio y era una nena buena que le hacía caso a papá. Ahora era Miette, una estrella, una persona que podía hacer lo que quisiera. No habían límites.


Al principio le había parecido que quería actuar en el programa. Intentaron darle un papel en las rutinas cómicas, pero no lograba recordar lo que tenía que decir. Además, se ponía muy nerviosa frente a las cámaras. Por eso, uno de los actores, se llamaba Santiago pero le decían 'el Capi', trató de enseñarle algunos de los trucos del oficio. Primero le dió cocaína para que se anime a actuar, pero ella se ponía a hablar en forma incontrolada y casi incoherente. Entonces, probó dándole marihuana, para que se relaje. Eso tampoco sirvió, porque fumaba un poco y le daban náuseas, mareos, ganas de vomitar. Un día, el Capi llegó con algo que le había recomendado un amigo que había estado mucho tiempo en Ibiza. Se llamaba ketamina, un anestésico para caballos. Esa droga le gustaba a Miette. Sentía como que su cuerpo dejaba de molestarla, podía pensar en cosas abstractas, ideas puras, mientras su cuerpo hacía cosas que ella nunca había soñado. Podía estar bailando durante horas y horas sin parar. Podía cojer durante horas y horas sin parar, con todos los hombres que quisiera, e incluso, con algunas mujeres. El Capi estaba muy contento con su descubrimiento. Empezó a traer amigos y a llevar a Miette a fiestas salvajes después del programa. No volvieron a intentar el tema de la actuación, era más divertido el sexo descontrolado.


Cristina quedaba exhausta después de las sesiones con su amigo Capi y empezó a faltar al colegio. Para mantener una apariencia de normalidad, iba al estudio de televisión los fines de semana, se quedaba hasta muy tarde con todos sus nuevos amigos, y después volvía a su casa a dormir. Muchas veces seguía de largo, todo el domingo durmiendo hasta el lunes al medio día, cuando iba al colegio como un zombie, todavía dormida. En la clase miraba a sus compañeros y a sus profesores como si ella estuviese encima de una plataforma, si tan sólo supieran la verdad, sabrían que ella era mucho más que toda esa gente chata y aburrida que la rodeaba. Ninguna de sus compañeras tenía ni un poquito de la experiencia sexual que ella tenía. A veces le contaban de un beso o, las más atrevidas, de un encuentro sexual con algun chico de los cursos superiores, escondidos en el baño, apurados antes de que se termine el recreo. Ella ponía cara de horrorizada, 'yo jamás haría algo así', y por dentro las despreciaba, sabía que ella había hecho cosas mucho peores, pero no podia decirlas. Nadie la entendería.


Esa noche había discutido con el Capi. No mucho, porque ella no era de discutir. El le había dicho de ir los dos juntos el fin de semana a una casa en Mar del Plata que le habían prestado. Miette no quería decirle que sus padres jamás la dejarían ir. Entonces, se hizo la enojada, y le dijo que fuera a comprarle cigarrillos. Pero ella fumaba Virgina Slims, así que iba a tardar un buen rato en volver, hasta que los consiguiera. Mientras tanto se acercó a Lucas, el productor del programa. El siempre estaba con la gente más importante. Esa noche estaba charlando con un tipo medio canoso, con una cadena y una pulsera de oro. Le pidió un cigarrillo al tipo ese y se pusieron a charlar. Lucas lo llamó aparte al tipo un momento, le dijo algo, y los dejó solos en el camarín. Miette empezó a sentirse caliente, a solas con una persona tan obviamente poderosa. El tipo le acarició el pelo delicadamente, la miraba como si fuera una nena. Ella quiso demostrarle que no era una nena. Empezó diciendo algunas guarangadas, y el canoso empezó a reirse, parecía un poco nervioso. Ella hizo que se le caía el encendedor y se agachó delante de él, en ese momento el tipo le metió una mano en el culo. Ella se rió y le dijo 'no, no...' mientras le sacaba la mano, pero no se la soltó. El tipo se puso colorado, no sabía bien qué hacer. Entonces, Miette le dijo 'vamos a pasear? tenés auto?'. El tipo sacó de su bolsillo un llavero, y le dijo 'si, en el sótano...' Ella le sacó el llavero y fue corriendo hacia el ascensor. El la siguió, y bajaron juntos. En el ascensor ella se apoyó desvergonzadamente sobre él, dejando que la tocara. El empezó a acariciarla, pero en ese momento se abrió la puerta del ascensor y ella salió. Le preguntó dónde estaba el auto, y él le señaló una camioneta con vidrios polarizados. En la parte de adelante había un chofer, Miette se dio cuenta de que el tipo era verdaderamente importante. El le dijo algo al chofer, y subieron los dos a la parte de atrás, que estaba separada por un vidrio negro de la cabina del conductor.


De una heladerita salieron dos copas de cristal y una botella de champagne. El sacó un inhalador de un bolsillo y lo usó para aspirar cocaína. Miette tomó un poco, y después sacó un frasquito con ketamina, su droga favorita. Brindaron, y ella empezó a hablar. Le dijo que vivía en París con su familia, que era actriz y bastante conocida en Europa, que tenía mucho dinero, dos gatos siameses, un hermano que era piloto de pruebas en Marruecos, le dijo muchísimas cosas. El tipo la miraba en silencio. En un momento, él dijo 'pero... si sos una nena...' y ella se puso mal. Se le tiró encima y empezó a besarlo, mientras trataba de sacarle el pantalón. El tipo se entregó, la desnudó y empezó a penetrarla de todas las formas que se le ocurrió. Ella parecía disfrutarlo mucho. Pero en un momento, el paró y la volvió a mirar. 'Podrías ser mi hija...' empezó. Ella le dijo 'si papi, soy tu hija, cojeme, haceme de todo...' El empezó a sentirse mal. Le parecía que lo que había hecho estaba mal, aunque estaba acostumbrado a hacer de todo, esto, de alguna manera, le pareció mal. Ella parecía haber captado su duda, porque le dijo 'Ahora, vas a tener que darme plata. Vos sabes que yo soy menor, podés ir preso.' El se puso nervioso. Una pendeja así no podía tratar de chantajearlo. Ese tipo de cosas eran las que él hacía, no podían hacérselo a él. '¿A vos te mandó alguien?' preguntó. Ella se quedó callada. 'Contestame, puta...' le dijo mientras le daba una cachetada. Ella parecía más excitada, así, desnuda, con un desconocido, encerrada en una camioneta en marcha. 'pegame si querés, haceme lo que quieras' le dijo, y el pensó que era una provocacion. Entonces le pegó con furia, y la violó, poniéndola de boca al piso. Ella sólo decía 'si, si'... El perdió totalmente la razón. Empezó a penetrarla violentamente, y a pegarle, a darle patadas, a ahorcarla. Ella no se quejaba, solamente tenía esa sonrisita en la cara, y eso lo ponía más y más nervioso. En un momento ella dejó de moverse. La miró de cerca, le tomó la respiración y el pulso, y se dio cuenta de que estaba muerta. 'Cacho, ¿donde estamos?' le preguntó al chofer. 'Acceso oeste' 'Buscá un lugar oscuro y pará.' Al rato la camioneta bajó por la calle colectora, la puerta de atrás se abrió, y salió un cuerpo blanco vestido con ropas desordenadas. 'Volvamos al piso de Libertador' dijo él mientras se tomaba otra línea de cocaína. 'Ahora esta putita es problema de la policía de la provincia.'


Un asistente de producción entró al camarín donde estaban reunidos Ernesto y Lucas. 'Me mandan del control a preguntarles si están listos, empezamos en cinco. Y llegó Pochi Larreta. Dice que quiere hablar urgente con Lucas.' 'Ok' dijo Ernesto. 'Yo voy al piso. Lucas, andá con Pochi y fijate si te ayuda a ubicarlo a Etchevarne. Vamos, a trabajar.' Trató de concentrarse en lo que tenía que hacer ahora: presentar el programa. Fue a maquillaje, se preparó, y se sentó en su sillón preferido de la escenografía. '¡Buenas noches, bienvenidos a estas dos horas de buenas ondas para toda la familia!' saludó con su fórmula repetida miles de veces. '¡Aquí estamos para traerles felicidad y para que se olviden de sus problemas!'. Por un rato logró olvidarse de Miette, de los dos comisarios que querían verlo muerto, y de Etchevarne. En el corte, se le acercó Lucas, la sonrisa que tenía en la cara le dijo que una vez más había sacado algún conejo de su galera. 'Jefe, hablé con el secretario privado de Etchevarne por el celular. Recien acabo de cortar. Me dio varias ideas muy buenas para solucionar este problema. Mire lo que encontré...' Sacó con un gesto teatral una pilita de fotos. En ellas se veía a el Capi con Miette: un beso, en la primera, en la segunda Capi le estaba sacando la ropa, en la tercera la estaba penetrando por detrás, en la cuarta Miette estaba tomando cocaína de un plato que tenía Capi en la mano, y habían más fotos. 'Ve jefe, yo siempre guardo todo. El empleado de Etchevarne me preguntó si tenía a alguien para entregarle a la policía y yo me acordé de estas fotos...' 'Maravilloso... Y el Capi, ¿donde está?' 'Está en el piso, entre el público.' 'Hay que mantenerlo acá hasta que llegue el comisario. Decile que vamos a hacer un festival de chistes para el cierre, que se prepare...'


Cuando Lucas le dijo a Capi que prepare algunos chistes para el final del programa, se olvidó de Miette, a la que estaba buscando desde que llegó. Fue al vestuario y se puso a buscar algo gracioso para ponerse. Después de un buen rato, se puso una especie de pijama con payasos, algo muy ridículo, y fue a maquillaje. En el camino se cruzó con Lucas, era raro, parecía que de repente estaba muy interesado en cómo se iba a vestir, que chistes iba a hacer, hasta le preguntó si necesitaba que mande algún cadete a buscarle cigarrillos, whiski o algo. Capi se sentía importante por primera vez en la vida. Al fin se le estaba dando la oportunidad que había estado esperando. Esta noche iba a brillar como nunca.


Cuando faltaba media hora para que termine el programa, llegó el comisario Trementina, acompañado del comisario Vasconcelos. Lucas los recibió, y les dio las fotos. Vasconcelos las miró y se puso rojo, parecía un tomate maduro, se notaba su furia contenida. En ese momento estaba Capi en escena, contando un chiste sobre unos chanchitos y un granjero. Ernesto le festejó los chistes como si fueran buenísimos, y le dijo 'Gracias, muy bueno, acá tenemos a un futuro grande del humor, ¡fuerte ese aplauso!' Capi salió, y trató de ir al vestuario a cambiarse, cuando Lucas lo paró. Le dijo 'estos señores quieren hablarte'. Cuando vió a los dos hombres, serios, de traje, con unos papeles y fotos en las manos, pensó que eran abogados, para hablar de un contrato para el canal. Fue despacio, haciéndose el canchero. 'Usted es Santiago Gómez, alias el Capi?' 'Si, ese soy yo...' 'Usted es el de esas fotos?.' Capi las miró y sintió que un temblor frío le recorría el cuerpo. 'Estee...' pudo decir. 'Vas a venir con nosotros.' le dijo uno de ellos. Lo llevaron casi arrastrándolo a un patrullero estacionado en la puerta. Uno de los dos tipos se sentó adelante, al lado del policía uniformado que manejaba, y el otro se sentó atrás con él. 'Sabes quien es esta nena? es mi hija. Sabés cuantos años tenía? dieciseis.' empezó a decirle, mientras le pegaba. Capi no se animó a contestar. Sabía que era culpable. Cualquier cosa que dijera sería peor. El tipo sacó una manopla de hierro y empezó a pegarle cada vez más fuerte, sin parar de hablar. Después de un buen rato, pararon. Lo obligaron a salir del auto, y a ponerse de rodillas. 'Pedime perdón, basura.' Capi empezó a balbucear, a pedir perdón, a decir incoherencias. El comisario dijo 'me das asco.' Sacó su arma, le apuntó, y vació el cargador en el cuerpo del cómico, todavía disfrazado de payaso. En el silencio que siguió a los balazos, se escuchó ladrar un perro. 'Vamos, dejemos que la policía de provincia levante esta basura.'



 

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