El día en que se puso de moda el suicidio

Por Fernando Bonsembiante



"Vivir y cesar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte." André Breton


Eran las tres de la tarde del año tres mil uno, en París. Marcelo salió por un momento de la cigarrería donde trabajaba, en la calle Buenos Aires. Prendió un puro cubano y caminó lentamente hacia la Torre Eiffel. Le parecía ridículo que no lo dejaran fumar en su trabajo, que justamente era vender puros como el que tenía en la boca. El día estaba hermoso, soleado. De repente, una sombra pasó por encima suyo. Miró, y era un dirigible bastante grande, de los de carga pesada. Le pareció raro que uno de esos pasara tan cerca de la torre, y tan bajo. Vió cómo se abría la puerta de carga y cómo dos hombres vestidos con monos naranja empujaban algo. Se trataba de un Citroen azul, modelo 1965, una verdadera rareza, una pieza de museo. El Citroen cayó del dirigible y aterrizó con un gran ruido a lata sobre un grupo de gente que hacía cola para subir a la torre. Vió como la sangre salpicaba todo. Pocos segundos después oyó otro ruido, era un Renault 12 blanco. A continuación cayó un BMW, un Mercedes Benz y una moto que no alcanzó a reconocer. Todos cayeron sobre la gente que estaba bajo la torre, en ese momento, en estado de pánico. Habían cadáveres por todos lados.


Al otro día Marcelo se enteró, leyendo el diario, que un grupo llamado 'Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista' había firmado el atentado, dejando mensajes grabados con un elemento punzante sobre la pintura de los autos. En el mensaje escrito en el BMW se presentaban en sociedad, y decían 'el evento que organizamos en la Torre Eiffel es el primero de estos actos de prensa y difusión de nuestro grupo'. También agregaban 'queremos volver a las gloriosas tradiciones de la raza humana, como la interrupción de la vida de gente que no conocemos, ni nos interesa conocer, mediante el uso inadecuado de vehículos de transporte personal.' También leyó una columna de opinión escrita por un famoso escritor, que analizaba otros de los mensajes escritos en los distintos automóviles usados por los surrealistas. Por ejemplo, el del Citroen empezaba así:


Salve, oh señores de la ordenación de los mundos,

vosotros que, libres del mal y los castigos,

permanecéis en la eternidad de la infinita duración.

Yo sigo la vía que me llevará a vosotros,

Yo, espíritu santificado, transito todas las formas del devenir.


En la nota del diario explicaban que se trataba de una oración egipcia para los muertos.

El del BMW empezaba:


Mientras volvés

recordá

Elegí la belleza, y así definirás lo feo.

Seleccioná el bien, y así crearás el mal

Así como elegís tu alegría, también diseñás tu pena.

La moneda que estás acuñando ahora tiene dos lados

Es mejor volver en el flujo del Intento

Porque así es

Los opuestos existen sólo para vos

Más allá de tus caras y cecas

Baila la unidad


y se trataba de una vieja oración de la iglesia psicodélica neoamericana.


y así, cada auto tenía un texto antiguo que hablaba de la muerte.



Un mes después ya se había dejado de hablar de la tragedia de la Torre Eiffel. Marcelo tenía una semana de vacaciones, y se fué a una 'acampada enteógena' en Flevoland, Holanda. Ese tipo de eventos era muy común en esa época, se organizaba un campamento donde la gente iba a tomar todo tipo de drogas alucinógenas. Duraba unos cinco días. Cuando Marcelo llegó, ya habían unas cincuenta personas fumando marihuana en el campo, la mayoría desnudos. Como no era para nada tímido, enseguida se incorporó a un grupo de cuatro chicas y dos chicos que estaban disfrutando de una alegre orgía. Eso fue a la mañana. Al mediodía del primer día, los organizadores anunciaron que el cocinero, un francés rubio y alto, había preparado una tortilla de hongos alucinógenos acompañada por vino francés de su propio viñedo. Se le avisaba a los participantes que esperasen una experiencia muy fuerte de unas 20 horas de duración. Todos comieron de la tortilla, pero Marcelo tomó agua en vez del vino, porque estaba preocupado por su hígado. A las dos horas, la mayoría de los participantes estaban alucinando, corriendo por el campo, algunos quietos meditando, otros en grupos haciendo las cosas más diversas. A las cuatro horas, algunos de los participantes empezaron a sentirse mal. En ese momento, por el sistema de altoparlantes, salió la voz del cocinero. 'Mis queridos acampantes. Espero que estén disfrutando de su experiencia, ya que para la mayoría de ustedes, va a ser la última. La tortilla contenía huevos, manteca, tres clases de queso, cebolla, un poco de curry, y una selección de psilocybe cubensis, psilocybe coprophila y amanita muscaria. Eso debe asegurarles una excelente experiencia psicodélica, que es lo que ustedes buscaban cuando vinieron acá. Pero en el vino había un extracto de otros hongos. Galerina autumnalis y amanita phalloides para ser preciso, extraidos y concentrados por un método de mi invención. Por lo tanto, pueden esperar los siguientes síntomas: náuseas, cólicos y diarrea. Los baños se encuentran a su disposición, por supuesto. Luego tendrán coma y colapso vascular. Eso les causará la muerte. Gracias a la alta concentración que usé para preparar el vino, todo ese proceso no durará más de un día para la mayoría de ustedes, dos días para los más fuertes o los que hayan tomado menos de un vaso de vino. Los que no tomaron vino, dos cosas: primero, se perdieron de uno de los mejores vinos producidos en Francia en la actualidad. Y segundo, no tendrán síntomas ni corren ningún peligro. Tambien debo anunciarles que yo tomé una botella entera del mismo vino, por lo tanto deberé morir entre los primeros. Espero que se diviertan. Ahora escucharán música por diversos autores europeos, y una recitación del 'Bardo Thodol', el libro tibetano de los muertos, para ayudarlos a un tránsito más espiritual.'


Por los parlantes empezó a salir una voz grave diciendo:


Aquí tenemos el enfentarse con la realidad cara a cara, en el estado intermedio: la gran liberación por el oír, mientras se está en el plano de después de la muerte, la profunda doctrina de la emancipación de la consciencia por la meditación sobre las deidades pacíficas y guerreras. Al divino cuerpo de la verdad, la luz incomprensible, sin límites, al cuerpo divino de las gracias perfectas, quienes son el loto y las deidades pacíficas y guerreras, a la encarnación inmaculadamente nacida, Padma Sambhava, quien es el protector de todos los seres sensibles, a los maestros, los tres cuerpos, homenaje.


y siguió, por horas, recitando.


El caos que siguió a eso fue monumental. Todos estaban drogados de tal manera que era imposible coordinar una acción coherente. Los teléfonos estaban desconectados. No había ningún medio de transporte funcionando. Algunos grupos decidieron salir a pedir ayuda, pero se perdieron en los parques que rodeaban el camping. Recién a la tarde del otro día, los sobrevivientes, unas cinco personas entre las cuales estaba Marcelo, pudieron avisar a la policía. En el bolsillo del cocinero encontraron una carta dirigida 'a las autoridades competentes', donde reivindicaba el acto como el segundo organizado por el 'Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista'.


Marcelo se sentía raro después de sus dos experiencias. Se había escapado de la muerte dos veces, pero se sentía como un estafador, como si de alguna manera hubiese engañado al destino, como si en realidad esos actos de violencia irracional hubiesen sido dirigidos a él, y los hubiese despreciado. Quizá por eso, o por el aburrimiento que le producía su trabajo como vendedor de cigarros, decidió unirse al Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista. El problema que tenía ahora era encontrarlos para ofrecerles sus servicios. Para eso, renunció a su trabajo.


Empezó por volver a la casa de sus padres en Barcelona. Pensó que no tenía sentido seguir en Paris, ya que los dos atentados habían sido en países distintos de la comunidad europea. Allí se puso a investigar los textos que los surrealistas habían usado en sus atentados. En un intento de encontrarlos, tomó la costumbre de recorrer distintos bares leyendo El libro egipcio de los muertos, la antología clásica de poemas psicodélicos editada por Sebastián Bianchestein, el Bardo Thodol, y otros libros similares. Todo lo que logró fue conocer gente muy interesante. Le sorprendió que algunos de ellos también estaban buscando contactarse con los surrealistas. Así pasó un mes, y la gente ya esperaba otro ataque del Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista. Marcelo estaba seguro de que sería en Barcelona, estaba tan seguro de eso como de que era un pensamiento totalmente irracional. Y por eso se convencía aún más, ya que los surrealistas eran gente totalmente irracional. Esa era la conclusión a la que había llegado después de interminables charlas de café con sus nuevos amigos.

Pero ese mes no hubo ningún atentado. Marcelo y sus amigos habían tomado como costumbre reunirse todos los viernes a la noche en un sótano llamado Gigamesh, un bar de mala muerte que había sido hacía mucho tiempo una librería. Allí discutían interminablemente sobre cómo imaginaban el próximo atentado, cuáles eran los motivos ocultos de los surrealistas, quiénes eran, mientras fumaban hash mezclado con opio. Marcelo había llegado al punto de intentar distintos procedimientos mágicos para contactarlos, a través de telepatía, clarividencia, clariaudiencia, gematría y tarot. Nada había dado resultado. Siguieron pasando los meses, y el grupo terminó dividiéndose. Algunos lo abandonaron por aburrimiento, pero los que quedaron, liderados por Marcelo, decidieron que debían contactar al Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista como sea, sin importar el costo. Para eso, idearon un plan desesperado. Ellos mismos iban a organizar un atentado. Si eso no llamaba la atención de los surrealistas, nada lo haría. Decidieron que sería el 21 de septiembre en Barcelona, en la Rambla. Ese día se había previsto el estreno de una obra de teatro por un autor muy famoso, en uno de las nuevas salas de la Rambla, y sabían que el lugar iba a estar lleno de gente.


Durante meses prepararon el atentado. Primero pensaron en bombardear la calle desde aviones, pero era imposible conseguir nafta para mover los aviones. Entonces decidieron poner las bombas directamente en la calle. Revisando viejos libros de química e ingeniería, encontraron la fórmula de un viejo explosivo plásico llamado C4. Fabricaron varios cientos de kilos, y los escondieron bajo las ramblas, desde el Monumento a Colón hasta la Plaza Cataluña. Pusieron dos baterías de cargas, con dos detonadores separados. La explosión de la primera batería, de muy baja potencia, iba a inundar la calle de panfletos con poemas y oraciones sobre la muerte, para respetar la tradición de los otros dos atentados. Por ejemplo, eligieron textos como:


Con la muerte no penetramos en la gran corriente de las cosas, según la beatitud panteísta, pero, sin embargo, somos recobrados, invadidos, dominados por la potencia divina encerrda en las fuerzas de desorganización íntima --presente, sobre todo, en la aspiración irresistible que conducirá a nuestra alma separada por el camino ulterior de su destino-- tan necesariamente como el sol hace subir el vapor que se desprende del agua iluminada por él. La muerte nos entrega totalmete a Dios, nos traspasa a él. En correspondencia, hemos de entregarnos a ella con un gran amor y abandono, ya que no nos queda otra cosa que hacer, cuando se presenta, que dejarnos dominar y conducir enteramente por Dios.


Este lo habían sacado de un libro llamado 'Himno del Universo' por Pierre Teilhard de Chardin.


La segunda batería iba a ser la definitiva. Con ese grupo de explosiones iban a demoler la calle y parte de los edificios linderos. La perspectiva de demoler algunos edificios históricos declarados patrimonio de la humanidad les atraía casi tanto como la idea de causar una masacre sin precedentes.


Cuando llegó el gran día, Marcelo ocupó su lugar privilegiado, en un dirigible situado peligrosamente cerca de la Plaza Cataluña, desde donde, con un telescopio, podía observar toda la rambla. Enfocó su telescopio, y le pareció estar en la calle, con los paseantes y la gente que esperaba para entrar al teatro. A la hora señalada, enfocó uno de los puntos de donde iban a salir los panfletos. Apretó el primer botón, y parecía que nevaba, de tantos papelitos blancos que volaban por el aire. Sin saber por qué, se dedicó a observar a un viejo que leía un panfleto. En un momento el viejo terminó de leer, y miró al dirigible. Marcelo tuvo la extraña sensación de que lo miraba a los ojos, aunque estaba a varios cientos de metros de distancia. Como si hubiese estado esperando esa señal, apretó el segundo botón. Varios cientos de metros de calle, edificios y gente volaron por el aire, con una enorme explosión. El dirigible perdió estabilidad y salió disparado hacia atrás. Cuando Marcelo volvió en si, vió que los bomberos y la policía rodeaban el lugar. El atentado había sido un éxito total.


Esa noche volvieron a reunirse en Gigamesh. Estaban eufóricos. Brindaron, bailaron, fumaron, y festejaron hasta muy tarde. A las cinco de la mañana llegó un desconocido, con un paquete para Marcelo. Al principio pensó que los habían descubierto, pero jamás había oído de alguien que fuera arrestado por correo. Abrió el paquete y vió que se trataba de un proyector holográfico. Lo encendió, y una persona se materializó frente al grupo. Su sorpresa fue mayúscula. Era el mismo viejo que había visto en la calle, que obviamente, en ese momento, estaba tan muerto como el resto de las víctimas del atentado. El viejo empezó a hablar. 'Hola, mucho gusto de conocerlos. Mi nombre no es importante en este momento, aunque luego lo sabrán. Lo que necesito decirles, es que si recibieron este mensaje, los felicito, su atentado fue todo un éxito. Estuvimos monitoreándolos desde el principio, desde que Marcelo empezó a buscarnos. Como imaginarán, yo soy parte del Movimiento Anárquico Organizado de Agitación Surrealista. Ahora todos los miembros de nuestro grupo están muertos. Ustedes nos mataron, porque cada miembro del grupo se puso encima de una carga explosiva en la Rambla. Espero crearles un cargo de consciencia. En el remitente del paquete van a encontar la dirección de un estudio de abogados. Si van allí, encontrarán documentos que los hacen poseedores de todos nuestros bienes y fortunas. Eso incluye dos bancos internacionales, propiedades en diez países, acciones mayoritarias de cincuenta de las mayores empresas mundiales, y muchas otras cosas interesantes. La lista completa está en poder de nuestros abogados. A cambio de todo eso, simplemente deberan reemplazarnos como agentes del caos en el mundo. Van a encontrar, en distintas cajas de seguridad de bancos Suizos, bancos que van a ser suyos, planes detallados para muchos hechos caóticos y surrealistas. Ustedes pueden seguir esos planes o inventar los suyos propios. Eso no es importante. Lo importante es conseguir gente joven, con nuevas ideas, para continuar con nuestro trabajo. Nuestro grupo existe y opera hace mucho, mucho tiempo. Quizá demasiado tiempo, por eso estamos cansados. Para eso organizamos los atentados, para obtener publicidad, para que alguien tome nuestra causa como suya. Esos son ustedes. Ahora que logramos nuestro objetivo, podemos abandonar este mundo. Mucha suerte.'

Marcelo estaba sorprendido. Le costó un buen rato digerir las palabras del viejo. Después de estar una hora sin hablar, sentado en una silla, dijo 'Bueno, gente, me voy a dormir. Quiero estar bien despierto mañana cuando vaya a conocer a estos abogados. Nos vemos todos allí, supongo. Buenas noches.'



 

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